LIBROS ESCRITOS POR EL PADRE ANGEL PEÑA B.

El Padre Angel Peña  de Perú nos dió la autorización para compartir sus libros , (ustedes tambien se pueden servir del material) Material el cual ha preparado  para todos los que quieran conocer a Cristo más de cerca,  seguir las huellas  y entregarse al libre proposito de ser el reflejo del Amor que él nos tiene.

Lecturas  que nos avivan la fé y nos despiertan hacia el amor a verdadero a Cristo, entregado y crucificado por Amor al Mundo.

Espero que les gusten estos libros que el Padre nos ha autorizado para publicarlos y que quiere que ustedes tambien los difundan ya que para eso los ha escrito para que no se pierdan entre unos tantos , más bien, lleguen a todos con el mismo amor y la misma entrega que él ha puesto en ellos.

Hermano Rubén.
Palabras del Padre Angel Peña B .-Perú 

«En primer lugar, agradecer a a Jesús
Eucaristía, ante quien pido luz y ayuda todos los días; a María, mi
madre del alma; y a mi ángel, que es mi gran ayuda para escribir los
libros. En segundo lugar, agradezco a todos mis hermanos agustinos
recoletos por el tiempo que me han permitido dedicar a este ministerio
de la pluma y también agradezco a mi familia y a las religiosas
contemplativas con las que me escribo por su apoyo espiritual y por
tantas bendiciones que Dios me ha concedido por medio de ellas.


¡Que Dios los bendiga a todos!»



-P. Angel Peña
 

EMPEZAMOS…

San Agustín
de Hipona

INTRODUCCIÓN:
San Agustín fue un incansable buscador de la verdad. Sentía en su corazón un hambre inmensa de ella y de la felicidad. Y buscaba la verdad en los filósofos de su tiempo y buscaba la felicidad en los placeres de la vida, especialmente en el amor carnal. Y no se sentía satisfecho. En su corazón había un vacío profundo que no le dejaba descansar en paz. Él no era de los hombres que se contentan con poco. Buscaba la plenitud, buscaba a Dios sin saberlo y, sólo cuando lo encontró, pudo por fin respirar y decir en las Confesiones:
Nos hiciste, Señor, para Ti y nuestro corazón está insatisfecho
hasta
que descanse
en
Ti (Conf. 1, 1).
 
Él es un buen ejemplo para tantos hombres de nuestro tiempo que buscan también sinceramente la verdad, pero por caminos equivocados. Al igual que Agustín, quizás desprecian a la Iglesia católica o las santas Escrituras, pero fue por este camino por donde san Agustín llegó a encontrar a Dios y la verdad que tanto anhelaba.
Toda la vida de Agustín fue una continua búsqueda. Ni siquiera cuando encontró a Dios en la fe católica, se quedó estancado. Fue un caminante empedernido, siempre quería profundizar más en su fe y compartirla con los demás. Sentía verdadero celo apostólico para convertir a aquellos que estaban extraviados por los caminos del error como los pelagianos, donatistas, maniqueos, arrianos y paganos.
Agustín fue un peregrino por la vida, siempre en camino, que ha dejado a las generaciones futuras la gran noticia de que se puede llegar a conocer la verdad, pues ésta no es una meta imposible; y de que Dios es un Padre, que siempre nos espera y se hace el encontradizo donde menos lo esperamos. Pero sólo lo hallaremos por el camino de la humildad.
A tantos hombres que se quedan estancados o desanimadosen el camino, les dice: Somos caminantes, camina siempre, avanza siempre. Si dices basta, estás perdido 1. Canta y camina. No te extravíes, no vuelvas atrás, no te detengas 2. San Agustín es un hombre siempre actual, el hombre de corazón inquieto y de corazón de fuego, dotado de gran simpatía personal e intenso calor humano. Por eso, decía: Hombre soy y entre los hombres vivo 3. Mi corazón es un corazón humano 4. Me gusta reír y disfrutar de la risa 5. Se ha dicho de él que es el padre espiritual de occidente por la influencia universal de sus escritos en la espiritualidad cristiana de Europa. Si conoces a san Agustín, él te guiará a encontrar a ese Dios amoroso que te sigue esperando en el camino de tu vida.
SAN EZEQUIEL MORENO.
UN VALIENTE MISIONERO 

La vida san Ezequiel Moreno es una vida llena de aventuras y dificultades. No fue la de un fraile que pasa su vida en su convento dedicado a la oración y a la penitencia. Su vida fue una vida activa y apostólica. Antes de ser ordenado sacerdote, sus Superiores lo envían a Filipinas, donde termina sus estudios y comienza su apostolado como capellán castrense en la fundación de la nueva ciudad de Puerto Princesa en Palawan. Continuará desarrollando su ministerio pastoral en otras parroquias del archipiélago filipino, dando siempre ejemplo de celo y preocupación por la salvación de las almas.
De Filipinas los Superiores lo envían de Rector al convento-noviciado de Monteagudo en España, donde pasará tres años antes de ser escogido como Presidente de la misión restauradora de la provincia de La Candelaria en Colombia. En Bogotá se hizo querer por todos los que lo conocieron por su vocación de servicio, especialmente confesando, predicando y atendiendo a los enfermos.
Como Superior, hizo un viaje de cinco meses por los Llanos de Casanare, donde habían evangelizado nuestros antiguos frailes candelarios (recoletos) con el propósito de enviar religiosos para continuar la evangelización en aquellos lugares solitarios y abandonados. Al ser creado el Vicariato apostólico de Casanare, es nombrado obispo. Antes de dos años es
preconizado obispo de Pasto, también en Colombia. En este lugar tuvo que luchar
mucho contra el liberalismo, que era promovido por el gobierno liberal de
Ecuador. Su lucha contra las ideas liberales anticatólicas marcó el resto de
su vida. Tuvo distintos conflictos por este motivo. El asunto del colegio de Tulcán
llegó hasta Roma, donde, en primera instancia, sentenciaron en su contra;
pero, después de exponer sus pruebas y presentar su renuncia, fue aceptado su punto
de vista.
Las luchas no cesaron. Los periódicos liberales se exacerbaban contra él,
especialmente con motivo de la revolución liberal de l895 y con la guerra civil de
1899 a 1902. Su valentía fue reconocida por todos. Sus enemigos lo odiaban y
sus amigos y buenos católicos lo alababan. Pero Dios quiso premiarlo antes de lo
que humanamente se hubiera deseado. Le vino un cáncer palatino-nasal en 1905,
que lo llevó a la tumba el 19 de agosto de 1906.
Su cuerpo incorrupto permanece en el convento de Monteagudo en
España. Los milagros realizados después de su muerte son especialmente de
curaciones de enfermos de cáncer. Por ello es considerado como patrono y
protector de los enfermos de cáncer.

SANTA MAGDALENA DE NAGASAKI
 

INTRODUCCIÓN
En todas las épocas de la historia de la Iglesia ha habido persecuciones
contra los católicos, que han producido millares de mártires. En los tres primeros
siglos sólo en el imperio romano hubo más de 100.000 mártires, que dieron su
vida por amor a Jesucristo.
En el Japón entre los siglos XVI y XIX hubo cerca de 30.000. Una
verdadera gesta de fe, una maravilla de la gracia de Dios, ya que solamente Dios
puede dar fortaleza para sufrir los más atroces tormentos como se dieron en
Japón.
En el siglo III Tertuliano decía en su “Apologeticum”: Llegamos a ser
más numerosos cuando somos segados, pues la sangre de los mártires es una
verdadera semilla 1. San Agustín también insiste en la misma idea: En la medida
que mueren los mártires, se ha multiplicado más y más la Iglesia entre todos los
gentiles 2.
En el Japón a los pocos años de la evangelización eran ya 500.000
católicos en una población de 20 millones de habitantes.
Pero la persecución fue tan inexorable que quedaron sin sacerdotes por más de 200
años y los cristianos fueron perseguidos sin piedad durante cuatro siglos. La
hermosa cristiandad del siglo XVI y principios del XVII quedó reducida a unos
20.000, que aparecieron en 1865 y que habían vivido en la clandestinidad
transmitiéndose la fe de padres a hijos. Realmente, un verdadero milagro de Dios.
Pero podemos preguntarnos, ¿por qué a pesar de tantos mártires, no ha
florecido la Iglesia en el Japón? Es un misterio de Dios. Lo que sí podemos decir
es que tantos martirios no fueron inútiles para la Iglesia.
Dios sabrá a quién han beneficiado o beneficiaran, dónde y cuándo. Es uno de los
secretos de Dios en la historia. Nosotros sólo podemos renovar nuestra fe y
confianza en el futuro de la Iglesia del Japón, pues pocas Iglesias la igualan en el número y fervor de sus mártires.
Uno de estos ilustres mártires fue santa Magdalena de Nagasaki, terciaria
agustina recoleta, que a sus 22 años padeció el tormento de
las cuevas o de la fosa, el tormento más insoportable inventado por el hombre.
Y permaneció en él durante catorce días por el poder de Dios. Y hubiera
permanecido más, si no se hubiera ahogado. Pero lo más sorprendente fue que, a pesar
de sus tormentos, cantaba himnos a Dios, estando boca abajo en una hoya sangrando por la cabeza.
Lo hacía con una voz que todos dicen que no parecía de este mundo. Y era tanto
su amor a Dios y la emoción que despertaban sus canciones, que podemos
llamarla la santa Cecilia japonesa. Podía ser también como ella patrona de los
músicos que cantan a Dios, ya que toda su vida podemos considerarla un canto
de amor a Dios, y a ella podemos llamarla Magdalena de la alegría.

 

Descargar el libro completo (click aquí)

 

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